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Lección 10 de 12
En Progreso

Un paseo por los peores desastres ambientales de la historia

Establecer un orden o una lista de los peores desastres con implicaciones ambientales no es tarea sencilla debido a los muchos factores que deben ser considerados: ¿víctimas en el acto?, ¿extensión del terreno afectado?, ¿duración de los daños?, ¿coste de reparación y restauración?, ¿flora y fauna dañadas? Por error, por omisión o con deliberación se han producido una serie de eventos no deseados que han costado miles de vidas humanas y animales y daños ecológicos de efectos irreparables: Chernóbil, Bhopal, Deepwater Horizon, Exxon Valdez son algunos ejemplos. En algunos casos han servido para mejorar los sistemas de ingeniería, de seguridad, y recordarlas debe servir para tratar de prevenir que se produzcan casos similares.

La siguiente lista no tiene orden de importancia o daño, sino engloba los desastres ambientales más relevantes.

8.1 Accidentes nucleares

Accidente nuclear de Chernóbil

El accidente de la central Vladímir Ilich Lenin, ubicada a 18 kilómetros de la ciudad de Chernóbil, actual Ucrania, se considera, junto al de Fukushima I de 2011, como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares -INES. El 26 de abril de 1986 un aumento de potencia sobrecalentó el cuarto reactor de la central, lo que ocasionó una grave explosión que expulsó diversas sustancias radiactivas, que se estimó en unas 500 veces mayor que el liberado por la bomba atómica de Hiroshima o Nagasaki. La explosión del reactor ocurrió en el transcurso de una prueba de control, en la cual se simulaba un “apagón eléctrico”. Se determinó que la causa del accidente fue una combinación de un mal diseño de la central nuclear, que además no disponía de un recinto de contención, junto con los errores producidos por los operadores de la misma, dejando fuera de servicio voluntariamente varios sistemas de seguridad con el fin de realizar un experimento.

 Con la prueba se pretendía comprobar si se podía enfriar el núcleo en caso de que se perdiera el suministro eléctrico externo. Las pruebas provocaron un aumento de potencia que no se pudo controlar y que derivó en un severo sobrecalentamiento, ocasionando una explosión de vapor, cuando en brevísimos instantes se evaporó toda el agua de refrigeración del interior de la vasija del núcleo. La presión se elevó repentinamente y produjo una explosión que rompió los muros de contención. Segundos después se produjo una explosión mucho más violenta, porque el aire del exterior entró en la vasija y reaccionó con el grafito, que en el reactor se usaba como moderador de neutrones y del que había presentes 2.500 toneladas.

Fig. 64 Imagen de las instalaciones de la Central Chenobyl posterior al evento.
Fuente: abc.es

Esto provocó un incendio y una gran detonación que hizo saltar la tapa del reactor, de 2.500 toneladas de peso, destruyendo el edificio del reactor, extendiendo los incendios y expulsando al exterior combustible nuclear y productos de la fisión nuclear. La explosión dejó el reactor completamente expuesto, lo que permitió que material radioactivo ascendieran a la atmósfera y fueran esparcidos por el viento.

Como resultado del siniestro, la nube radiactiva fue empujada por los vientos hacia gran parte de la extinta Unión Soviética y a 13 países de Europa. Este desastre provocó la muerte de 31 personas y alrededor de la planta existe un área de restricción de más de 30 km, forzando la evacuación de 116 mil personas.

Los efectos del accidente de Chernóbil han sido evaluados por organismos internacionales, fundamentalmente el OIEA y la Organización Mundial de la Salud, que han hecho públicos los resultados de su investigación y que se resumen a continuación:

Según el informe de la Organización Mundial de la Salud “Chernóbil, la verdadera escala del accidente” realizado a mediados de 2005, no llegan a 50 las defunciones atribuidas directamente a la radiación liberada por el accidente de Chernóbil; casi todas las muertes directas del accidente fueron de trabajadores de servicios de emergencia que sufrieron una exposición intensa y fallecieron a los pocos meses del accidente. Hubo trabajadores que llegaron a estar expuestos a radiaciones de más de 500 mSv, pero la media fue de 100 mSv. En cuanto a las personas evacuadas, las dosis medias son del orden de 33 mSv, aunque en ciertos casos se llegó a varios cientos de mSv. Entre 1986 y 2005 se estima que la acumulación de radionucleidos (los distintos residuos liberados por la central), sobre todo cesio 137, llevó a recibir una dosis efectiva de 10 a 30 mSv en zonas contaminadas.

Según el UNSCEAR, la exposición media a radiación anual en el mundo es de 2,4 mSv, si bien se oscila fácilmente de uno a 10 mSv. Por ello, en toda la vida, se acumulan de 100 a 700 mSv.

Este mismo informe indica que la contaminación provocada por el accidente ha causado alrededor de 4 mil casos de cáncer de tiroides, principalmente en personas que eran niños o adolescentes en el momento del accidente, y al menos nueve niños han muerto de cáncer de tiroides; con todo, la tasa de supervivencia entre las víctimas del cáncer, a juzgar por la experiencia en Bielorrusia, es de casi el 99%.

Los ecosistemas afectados por el accidente de Chernóbil se han estudiado y vigilado ampliamente en los dos últimos decenios. En el momento del accidente, la naturaleza sufrió un importante impacto, y pocos animales sobrevivieron a las dosis más altas de radiación. Una de las partes más afectadas es el «bosque rojo», un pinar en el que los árboles murieron al instante. Después del accidente se asumió que la zona de exclusión se convertiría en un desierto. Como muchos de los compuestos radiactivos liberados en el accidente tardan años, décadas o más en perder su poder, se supuso que el área iba a quedar deshabitada durante siglos. Sin embargo, tres décadas después del accidente, varios estudios científicos han sorprendido al mostrar la abundancia y el aparente buen estado de salud de los animales que viven en la zona de exclusión, que lleva 30 años libre de la presencia humana. Actualmente, viven en la zona de exclusión al menos 400 especies de vertebrados, 50 de ellas dentro de la lista roja europea de especies amenazadas, entre las que hay osos, bisontes y linces. Allí se alimentan y viven raras especies como el águila de cola blanca o el águila moteada. Hay cientos de familias de castores y el caballo salvaje de Prezewalski, en peligro de extinción, ha logrado asentarse. Todo esto podría ocurrir por dos motivos: o bien los organismos son mucho más resistentes a la radiación de lo que se pensaba, o bien se estén adaptando a la contaminación.

En diciembre de 2000 se detuvo definitivamente la Unidad 3, la última que quedaba en funcionamiento. El Gobierno ucraniano accedió al cierre tras llegar a un acuerdo económico con Euratom, el Gobierno ruso y el Banco Europeo. Después del accidente de la central nuclear de Chernóbil, las compañías eléctricas del mundo propietarias de las centrales nucleares fundaron la Asociación Mundial de Explotadores Nucleares (WANO), con el objetivo de alcanzar los más altos niveles de seguridad y fiabilidad en la operación de las centrales nucleares, a través del intercambio de información técnica, de la comparación, emulación y comunicación entre sus miembros.

Accidente Nuclear de Fukushima

El 11 de marzo de 2011, el terremoto y posterior tsunami de Japón ocasionó serios daños en la Central Fukushima I, lo que implicó fallos tecnológicos que terminó por la pérdida completa del control sobre la central y sus reactores, provocando uno de los mayores desastres nucleares debido a los altos impactos que tuvo en el mar.

El accidente tuvo origen en un terremoto de 8,9 grados cerca de la costa. Los reactores nucleares 1, 2 y 3 se detuvieron automáticamente en el momento del sismo, mientras que los tres reactores restantes de la planta nuclear se encontraban ya parados por mantenimiento. A consecuencia del sismo, se produjo un tsunami de 14 metros de altura, que inundó las seis unidades, situadas en la orilla del mar, dañando la red eléctrica y los generadores de emergencia, impidiendo el funcionamiento de los sistemas de refrigeración. En este momento iniciaría una serie de inconvenientes que la alta presión provocó varias explosiones de hidrógeno en los días siguientes, que agrietaron los recipientes de contención que recubren los reactores, reventaron los muros de los edificios y expusieron sus núcleos al aire libre, escapando gran cantidad de yodo y cesio a la atmósfera.

Varios días después, se encontró yodo radiactivo en productos alimenticios en la prefectura de Fukushima. Si bien la duración de la radioactividad del yodo es de 8 días puede resultar perjudicial para la salud.

Fig. 65 Imagen de la Central Fukushima.
Fuente: Fondo de Población de la ONU

Desde el accidente el combustible radiactivo permanece fundido en el fondo de dichas recipientes entre el amasijo de escombros que causaron las explosiones, que destruyeron buena parte de sus edificios.

En el interior de los reactores, la radiactividad es tan alta que ningún ser humano puede entrar en ellos, pues dentro de los reactores se registran más de 300 mSv por hora.

De momento, solo han podido adentrarse varios robots para tomar imágenes que sirvan para preparación y seguimiento del plan de actuación; el cual ha consistido en sellar los reactores para que no escape la radiactividad e inyectarles agua subterránea para mantenerlos a unos 30 ºC.

Inicialmente se debieron bombear 210 m3 agua, contaminándose, debiendo filtrarse mediante depuradoras especiales, con la finalidad de eliminar el estroncio y el cesio. Sin embargo, se requirió almacenar entre 100 y 150 toneladas de agua diariamente. Aunque el bombeo se ha reducido a la mitad en los últimos años, la central acumula ya un millón de toneladas de agua en 900 depósitos de gran envergadura, que se están cambiando ahora por tanques más seguros para evitar las filtraciones al subsuelo y al mar considerando que es una zona propensa a terremotos y tsunamis.

Para el año 2014 se habían retirado las 1535 barras de combustible usado del reactor 4, pero la mayor tarea está en las otras unidades 1,2 y 3. En total, son 1573 barras de combustible que las autoridades niponas están retirando del reactor 3 y siguiendo en 2021 por el 1 y el 2. Al Centro de Desarrollo de Tecnología Remota de Naraha se le asignó la tarea de crear los robots y las herramientas que permitan retirar el material fundido de los reactores, considerando que el calor de los núcleos funde todo. Por delante queda una tarea titánica que se estima que cueste 72 mil millones de dólares con una duración estimada total de durará cuatro décadas.

Se hace evidente que la causa directa que ocasionó el accidente fue un evento natural, sin embargo, la Organismo Internacional de la Energía Atómica IEA refleja en estudio que varios análisis realizados estimaron la posibilidad de que se produjera un terremoto de gran magnitud y tsunami en la costa de Fukushima. Pese a esta evaluación, la operadora de la central, Tokyo Electric Power (TEPCO), y las autoridades reguladoras japonesas no tomaron las medidas adecuadas para proteger el sistema eléctrico de la planta y los generadores de emergencia ante esta posibilidad y «estimaron que eran necesarios más estudios e investigaciones» sobre la materia.

Las autoridades de Japón decretaron la severidad del accidente nuclear de Fukushima al nivel 7, debido a la emisión de radioactividad al exterior; el más alto de la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (escala INES). El mismo con el que se clasificó el accidente nuclear de Chernobyl. Aunque el accidente de Chernobyl y el de Fukushima tengan el máximo nivel de gravedad, el material radiactivo liberado se estimó que era aproximadamente el 10% del liberado en el accidente de Chernóbil.

Fig. 66 Escala Internacional de Sucesos Nucleares - INES.
Fuente: www.foronuclear.org

Accidente Nuclear de Three Mile Island

En la pequeña isla, ubicada en Harrisburg, Pennsylvania EEUU se ubica una planta nuclear, en la que el 9 de abril de 1979 se produjo primero un fallo mecánico y luego una suerte de errores humanos, que provocaron que una gran cantidad de agua vaporizada e hidrógeno con contenidos radiactivos se dispersaran en la atmósfera.

La central nuclear de Three Mile Island se componía de dos reactores que llevaban muy poco tiempo en marcha. El accidente se produjo cuando dejó de funcionar la unidad 2 de la central, provocando que fallara el circuito de refrigeración primario. Automáticamente, se activaron las barras de control, pero las válvulas que controlaban el paso hacia el generador de vapor se bloquearon unos instantes. El encargado responsable desconectó el automatismo de control correspondiente y confundió diversos instrumentos de medida, lo que provocó que se inundara el edificio de agua contaminada vertiéndose al rio y se liberaran gases radiactivos en la atmósfera.

Fig. 67 Central Three Mile Island.
Fuente: Fondo de Población de la ONU

El escape radiactivo puso en peligro a 30 mil personas que vivían en un radio de 8 kilómetros, quedando expuestas a ciertos niveles de irradiación. Las acciones de emergencia fueron insuficientes y consistieron en la evacuación de mujeres embarazadas y niños en un radio de 13 kilómetros. Pero al no haber víctimas directas, las mediciones oficiales confirmaron que no había efectos radiológicos negativos sobre la salud ni el ambiente a largo plazo. Todo ello según el Departamento de Salud, Educación y Bienestar y de la Agencia de Protección Ambiental. Una vez controlada la situación, comenzaron las tareas de limpieza que finalizaron en 1993. El coste: cerca de 1.000 millones US$.

Las autoridades conformaron una Comisión especial para evaluar las centrales nucleares y disponer de las modificaciones necesarias. Inicialmente, la compañía propietaria de la planta asignó la responsabilidad a una válvula de la compañía constructora del sistema, Babcock Wilcox. Sin embargo, el «fallo humano» pronto salió a relucir, pues alguien en el control de mandos, por causas no específicas, cerró el sistema de refrigeración, provocando el calentamiento entero del sistema.

Al poco tiempo del accidente en Pensilvania, se pusieron en marcha medidas de seguridad futuras en las centrales nucleares, especialmente en la formación y entrenamiento de los técnicos de la instalación. Supuso, además, la creación de El Instituto de Operaciones de Energía Nuclear (INPO), el desarrollo e implementación de los Procedimientos de Operación de Emergencia (POE), la creación de Guías de Gestión de Accidentes Severos (GASS), y el establecimiento del Análisis Probabilista de Seguridad (APS). Toda una serie de mejoras que se incorporaron rápidamente en el diseño y en los requerimientos de las centrales en construcción que coincidieron en el momento del accidente. El accidente está calificado con nivel 5 en la escala INES.

Accidente Nuclear de Tokaimura

El 30 de septiembre del año 1999 en la central de enriquecimiento de uranio JCO, ubicada en Ibaraki-Japón, debido a una incorrecta manipulación de una solución en base a uranio, se produjo una reacción imposible de controlar, que comenzó a emitir radiación gamma y neutrones. Se situó el incidente en un nivel 4 de gravedad.

Durante el proceso de fabricación del combustible se evidenció negligencia al vertir manualmente la solución de uranio en su recipiente de acero inoxidable. El recipiente no cumplía las normas de seguridad; era de un tamaño muy superior al ordenado y su forma tampoco ayudaba en una situación de riesgo. Incomprensibles las causas que llevaron al personal a verter una masa que superó los 16 kg —el máximo permitido eran 2,3— ocasionando fisión nuclear en cadena.

Fig. 68 Central Tokaimura.
Fuente: Fondo de Población de la ONU

Los operarios causantes fallecieron y se vieron afectados tanto los demás trabajadores de la planta como cientos de vecinos en kilómetros a la redonda. Los niveles de exposición superaron el límite permitido para la vida en 40 mil veces, prohibiéndose automáticamente las actividades como la pesca, la agricultura y el consumo de aguas de zonas cercanas. Tras el incidente, para evitar el “error humano” las plantas nucleares japonesas automatizaron los procedimientos más comprometidos.

–o–

A pesar de la ocurrencia de todos estos eventos que afectaron seriamente a la población y al ambiente, la energía nuclear representa una fuente energética que puede garantizar el abastecimiento eléctrico y tiene la ventaja que no contribuye con las emisiones GEI. En la actualidad existen 448 reactores en operación, que producen alrededor del 11,5% de la electricidad mundial. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas, -datos a enero de 2018- hay 58 unidades en construcción en países como China, India, Rusia, Corea del Sur, Finlandia o Francia. Todos ellos, conscientes de los problemas energéticos y ambientales, construyen nuevas plantas nucleares porque consideran que la energía nuclear es una fuente esencial para sus países.

Fig. 69 Uso de la energía nuclear para generación de electricidad, año 2017.

8.2 Accidentes Químicos y Petroleros

Escape químico en Bhopal

El 2 de diciembre de 1984 se produjo en la fábrica de pesticidas Union Carbide, ubicada en Bhopal, India, uno de los peores desastres industriales del mundo, donde se estimó que aproximadamente 30 TM de isocianato de metilo-MIC, se fugaron de las instalaciones.

El MIC, es un producto intermedio que se usa en la fabricación de determinados insecticidas. Es un producto altamente tóxico y muy reactivo que polimeriza en presencia de determinados reactivos como hierro o cloruros. El proceso de fabricación de MIC estaba formado por 4 etapas:

El MIC producido, se enviaba a dos tanques de almacenamiento de 57 m3 de capacidad (Depósitos 610 y 611) y otro para emergencias (Depósito 619). Tenían una presión de diseño de 2,72 bar. Estaban completamente enterrados y aislados con un recubrimiento de cemento. También existía un sistema de refrigeración para mantener el MIC por debajo de 0 ºC. También tenían un indicador de temperatura, con alarma de alta, un indicador y controlador de presión para mantenerla entre 0,14 y 1,7 bares. El sistema de alivio de emergencia consistía en una válvula de seguridad a 2,8 bar y un disco de ruptura en serie. La línea de salida de venteo era enviada a un lavador de gases para neutralizar la emisión de MIC. Además, existía la posibilidad de enviar los gases de venteo a una antorcha de la planta.

El sistema de refrigeración de los depósitos de almacenamiento fue desmantelado en 1984, retirándose el refrigerante. En 1982, un equipo de auditores de seguridad de Union Carbide visitó la planta y emitió un informe en el que se señalaban importantes deficiencias en los sistemas de seguridad, corrosiones y posibilidad de fuga de gases.

El día del evento, la sala de control detectó un aumento de presión en el depósito 610, el cual alcanzó una presión de 3,8 bar en un lapso de 90 minutos. Se detectó que el recubrimiento del depósito estaba agrietado por la elevada temperatura en su interior y la alta presión hizo que se abriera la válvula de seguridad, con una emisión de MIC. Se puso en funcionamiento el sistema lavador de gases, sin embargo, era claramente insuficiente por lo que se conectaron cañones de agua para intentar alcanzar la salida de los gases. Luego de una hora, se cerró la válvula de seguridad y la emisión de MIC se detuvo.

Las investigaciones posteriores determinaron que se habían emitido aproximadamente 30 Tm de MIC en un conjunto de gases emitidos de 36 Tm. También se detectó que la temperatura en el interior del depósito alcanzó los 200 ºC y la presión 12,2 bares. Sin embargo, el depósito aguantó posiblemente por el recubrimiento exterior, evitando un desastre aún mayor. También se informó que se había desconectado días antes el lavador de gases y que la antorcha estaba fuera de servicio por corrosiones.

La nube tóxica que se formó se extendió hacia las áreas pobladas en dirección sur favorecida por un ligero viento y condiciones de inversión térmica. En la zona de Railway Colony, situada a 2 km de la planta, donde vivían aproximadamente 10.000 personas, se informó que en 4 minutos murieron 150 personas, 200 quedaron paralizados, unas 600 quedaron inconscientes y hasta 5 mil sufrieron graves daños. Muchas personas intentaron escapar, pero lo hicieron en la dirección de avance de la nube tóxica.

Las investigaciones posteriores, revelaron que quedaron entre 5 y 10 Tm en el depósito 610. Se encontraron importantes cantidades de sustancias que sólo se pueden formar por reacción del MIC y agua, lo que indujo a pensar en la existencia de agua en el interior del depósito. Dos fueron las hipótesis principales que se contemplaron:

Fig. 70 Instalaciones de Union Carbide, Bhopal - India.
  • Reacción espontánea del MIC en el interior del depósito. Posiblemente por introducir en el depósito 610 un lote de MIC que resultó de mala calidad (contenía un 15% de cloroformo, cuando debía contener un máximo de 0,5%) y al estar fuera de servicio el sistema de refrigeración comenzó, al principio lentamente, una reacción de descomposición del MIC. El sistema de aislamiento del depósito favoreció el aumento de temperatura y la velocidad de reacción.
  • Reacción motivada por presencia de agua en el depósito. El análisis de los compuestos después del accidente reveló la presencia de agua en el interior del depósito, lo que produjo una reacción entre el exceso de cloroformo y el agua para formar ácido clorhídrico que actúa como catalizador en la polimerización del MIC. Esta agua podría proceder del sistema de lavado de tuberías.

Los informes destacaron una serie de factores que contribuyeron al accidente: la desconexión del sistema de refrigeración, la inexistencia de sistemas de corte en las tuberías para evitar la entrada de agua del lavado, la presencia de MIC en el depósito a una temperatura demasiado elevada 15-20 ºC, que el sistema de lavado de gases no funcionara adecuadamente y que la antorcha estuviera fuera de servicio.

En el transcurso de los días la mortandad fue en aumento, se calcula que entre 3 mil y 4 mil personas perecieron de forma directa y unos 50 mil sobrevivientes presentaron gravísimas consecuencias como ceguera, disfunciones corporales e insuficiencias orgánicas. En total causó daño a cerca de medio millón de personas. Todavía nacen niños con deformaciones y enfermedades, como producto de la contaminación. Así mismo se afectaron miles de cabezas de ganado y animales domésticos. En 1989, la empresa Unión Carbide debió indemnizar a las víctimas por un monto de más de medio billón de dólares entre los afectados. A raíz de este desastre, cada 3 de diciembre se celebra el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas.

De las lecciones aprendidas más importantes están la elección correcta de los emplazamientos y, en concreto, la planificación territorial para evitar mayores riesgos en el entorno inmediato de este tipo de establecimientos; la importancia de no obviar las medidas de seguridad por reducción de costos; contar con un plan de emergencia adecuado y que la población conozca los riesgos y las actuaciones de emergencia fue una de las principales conclusiones.

Enfermedad de Minamata

Entre las décadas de 1930 y 1940, la fábrica Chisso empezó a producir aldehído acético y cloruro de vinilo, elementos de fabricación del plástico, utilizando mercurio metálico como catalizador del proceso, el cual después era vertido al agua sin tratar, llegando a la bahía de Minamata en Japón.

En 1956, el año en que se detectó el brote, murieron aproximadamente 45 personas. En principio se consideró la presencia de una enfermedad contagiosa, lo que posteriormente se denominó Enfermedad de Minimata, que entre 1953 y 1965 se contabilizó 111 víctimas y más de 400 casos con problemas neurológicos.

Fig. 71 Referencia de ubicación de la fábrica Chisso en las costas de Japón.
Fuente: Fondo Nuclear

En la Isla de Kyushu se empezó a observar un extraño comportamiento en los gatos, los cuales con frecuencia convulsionaban y hasta se lanzaban al mar, donde perecían ahogados. En 1960, un estudio determinó que los gatos alimentados con pescado de la bahía presentaban la enfermedad de Minamata; que la bahía estaba muy contaminada por metilmercurio; y que en el hígado y riñones de las víctimas humanas había una elevada cantidad de mercurio, así como en el cabello de enfermos vivos. En 1961, la fábrica desvió algunas de sus aguas a un río vecino y amplió el radio de contaminación, afectando a todo el mar interior de Yatsusho.

No fue hasta 1968 cuando el gobierno japonés anunció oficialmente la causa de la enfermedad: la ingestión de pescado y de marisco contaminado de mercurio. Una vez empezada la investigación se dieron cuenta que en los últimos años se había registrado una elevada cantidad de algas muertas, almejas y ostras vacías, peces muertos flotando, aves que se desplomaban, pulpos paralizados y perros, cerdos y gatos que temblaban y morían. La liberación sin tratar de grandes cantidades de desechos industriales produjo una bioacumulación de metilmercurio en la cadena alimenticia, yendo desde la vida marina local hasta la población.

Fig. 72 Vías de ingreso de mercurio.
Fuente: www.minimatadiseasemuseum.net

Las autoridades japonesas revelaron que, entre 1932 y 1968 (año en que se cambió el proceso de síntesis por otro menos contaminante), se vertieron a la bahía 81 toneladas de mercurio a través de las aguas residuales sin tratar. El balance final, fechado en 2001, fue el diagnóstico de 2.955 casos de la enfermedad de Minamata, de los cuales 2.265 habían vivido en la costa del Mar de Yatsusho, donde Minamata es ciudad costera. Los síntomas que presentaron los habitantes del lugar fueron la pérdida de funciones motoras, dificultad para hablar, convulsiones y descontrol de las extremidades.

En 1973 los tribunales fallaron a favor de las familias, ordenando el pago de 320 millones de Yenes. Un fallo de 2004 de la Corte Suprema responsabilizó al gobierno de no cumplir en su obligación de mantener limpias las aguas y de permitir que la contaminación continuase durante años después de su descubrimiento (la empresa no detuvo los vertidos hasta 1970), cerrando así años de litigios por este caso. Sin embargo, en 2010 los afectados por el suceso aceptaron un acuerdo del Gobierno japonés en la que retiraban su denuncia, a cambio de indemnizaciones y prestaciones médicas.

Fig. 73 Pobladores de la Bahía de Minimata que padecieron debido a la contaminación con mercurio.
Fuente: www.minimatadiseasemuseum.net

Así mismo, fue necesario remover el sedimento cercano a los puntos de descarga para retirar el mercurio que ahí se había depositado que podría causar la contaminación de la calidad del agua y los peces. Entre 1977 y 1979, el Gobierno Prefectoral de Kumamoto dragó cerca de 1,5 millones de metros cúbicos (m3) de sedimento que presentase una concentración de mercurio sobre el valor referencial para remoción (25 ppm).

El mercurio es un elemento natural: se encuentra en la corteza terrestre y se libera naturalmente a través de la actividad volcánica y la erosión de las rocas. Existe en diversas formas, cada una con un grado variable de toxicidad, pero todas igualmente nocivas, ya que afectan el sistema nervioso, el cerebro, el corazón, los riñones, los pulmones y el sistema inmunitario de todos los seres vivos. Debido a que la exposición al mercurio, incluso en pequeñas cantidades, puede causar serios problemas de salud, la Organización Mundial de la Salud lo considera una de las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública. La actividad humana es la principal contribuyente a las emisiones de mercurio.

Cada año, se liberan hasta 9.000 toneladas de mercurio en la atmósfera, el agua y la el suelo. La mayor fuente de emisiones es la minería de oro artesanal y en pequeña escala, la combustión de carbón, la producción de metales no ferrosos y la producción de cemento.

El 16 de agosto de 2017, entró en vigor el Convenio de Minamata sobre el mercurio, un tratado mundial para proteger la salud humana y el ambiente de las emisiones antropogénicas de mercurio y los compuestos de mercurio.

Fuga de dioxinas en Seveso

El 10 de julio de 1976 una explosión en una planta de fabricación de pesticidas, cercana ciudad de Seveso-Italia, de 17 mil habitantes aproximadamente, vertió una masa de vapores con la dioxina denominada TCDD, catalogada como tóxica-cancerigena y fue empleada para limpiar la densa vegetación de la selva durante la Guerra de Vietnam.

La planta de Icmesa se dedicaba a la fabricación de pesticidas y plaguicidas a partir de una reacción tipo “batch” con una sustancia denominada 2,4,5-triclorofenol (TCP). El TCP se fabricaba a partir de 1,2,4,5-tetraclorobenceno por reacción con sosa cáustica en presencia de etilenglicol y xileno, en un rango de temperatura entre 160-200 ºC. La reacción es fuertemente exotérmica a presión atmosférica y el calor generado se retiraba evaporando el disolvente que retornaba al reactor. Terminada la reacción, se añadía ácido clorhídrico para fabricar el TCP. El reactor estaba protegido por un disco de ruptura a presión de 3,6 bar con venteo directo a la atmósfera.

En la reacción se produce como subproducto una sustancia denominada 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina, más conocida como TCDD, el cual es unas dioxinas, con elevada toxicidad y probados efectos cancerígenos. La dioxina se forma por reacción de triclorofenoato de sodio con hidróxido sódico. Mientras que a unos 180 ºC apenas se forman unos pocos ppm de TCDD, cuando la temperatura alcanza unos 250 ºC, se pueden generar grandes cantidades. Las cantidades generadas son prácticamente cero por debajo de 150 ºC, menos de 1 ppm a 180 ºC y 1.600 ppm en 2 horas entre 230-260 ºC.

La tarde anterior al accidente, el reactor se cargó con 2.000 kg de triclorobenceno (TCB), 1.050 kg de hidróxido de sodio, 3.300 kg de etilenglicol y 600 kg de xileno. La reacción no terminó esa tarde, dejando el final para la mañana siguiente, cerrando el vapor y parando la agitación en el reactor. A la mañana siguiente, se produjo una reacción exotérmica incontrolada del tipo runaway, lo que generó un aumento de presión en el reactor y la apertura del disco de ruptura. El resultado fue la emisión de una nube tóxica que contenía TCDD en una concentración aproximada de 3.500 ppm y con aproximadamente entre 0,45 y 3 kg de TCDD. El área cubierta por la nube fue de aproximadamente 1.800 hectáreas y produjo numerosos daños a las personas.

Las lesiones fueron principalmente dérmicas, así como daños al medio ambiente (flora y fauna). Se produjeron daños también en la agricultura, ganadería, suelos contaminados, construcción, comercios, etc. En total, más de 300 millones de francos suizos ha tenido que abonar Roche en concepto de compensaciones al Estado Italiano por el accidente. En la actualidad, todavía se están pagando indemnizaciones y las consecuencias no han desaparecido completamente.

La causa primera del accidente fue una reacción incontrolada exotérmica en el reactor, probablemente debido a haberlo dejado desde la tarde anterior sin refrigeración y sin agitación. También pudo influir el hecho de que, probablemente, la reacción no se hubiera terminado del todo cuando se cerró la refrigeración y se paró el agitador, por lo que pudo continuar durante toda la noche, aumentando el riesgo.

Así mismo, en el método utilizado por la patente original de Guivaudan, la carga era acidificada antes de la destilación. En el proceso de Icmesa, el orden de estas dos etapas fue invertido. Esto permitía un contacto más largo e intenso entre el etilenglicol y el hidróxido de sodio.

 

El único sistema de control de presión era mediante un disco de ruptura que conducía directamente a la atmósfera. En la investigación se determinó que dicha presión era demasiado elevada para un proceso a presión atmosférica, lo que favoreció la emisión de grandes cantidades de dioxinas. Tampoco existía un sistema para neutralizar o destruir las sustancias tóxicas venteadas. El sistema de venteo con disco de ruptura, según los fabricantes debería haber estado conectado a un sistema de neutralización, torre de lavado, depósito pulmón o cualquier otro que impidiera la emisión directa a la atmósfera de sustancias altamente tóxicas.

Unas 37 mil personas estuvieron expuestas a los niveles más altos registrados de esta sustancia, que experimentaron visión borrosa y náuseas. Posteriormente 417 personas contrajeron una enfermedad cutánea llamada cloracné, causada por la nube de aerosol. Además, más de 80 mil animales se sacrificaron para evitar la contaminación de la cadena alimentaria.

Fig. 74 Habitante afectado con cloroacne, por fuga de dioxina, en Seveso - Italia
Fuente: www.minimatadiseasemuseum.net

Love Canal

El poblado de Love Canal, situado en la orilla estadounidense de las famosas cataratas del Niágara, acogía a cientos de casas y una escuela para la clase obrera. La mayoría de sus pobladores desconocía que sus casas fueron emplazadas sobre 21 mil toneladas de residuos industriales tóxicos que habían sido enterrados una empresa local llamada Hoocker Chemical.

Entre 1947 y 1952 la compañía química Hooker usó un viejo canal que no se había llegado a terminar, para depositar productos químicos muy tóxicos.

En esa época, la ciudad de Niagara Falls expropió esos terrenos para construir una urbanización y una escuela. Antes de comenzar la construcción, la compañía química advirtió de los peligros que conlleva la construcción de tales lugares debajo de un cementerio de residuos.

Fig. 75 Area del Love Canal, en New York - EEUU

Sin embargo, se pensó que colocando un recubrimiento y algunas capas de arcilla y tierra iban a ser suficiente para evitar posible contaminación o intoxicación, sin embargo, en 1977 un líquido burbujeante comenzó a fluir por sótanos y bodegas y se presentaron evidentes casos de contaminación en casi toda la población: defectos de nacimiento, problemas en la piel, envenenamientos, abortos espontáneos, etc. Se hicieron análisis de las aguas de esa zona y los resultados mostraron la presencia de 82 productos químicos contaminantes. Se relacionó claramente la incidencia de estos problemas de salud con la cantidad de productos químicos en el agua. Tras difíciles y complicadas discusiones con el gobierno estatal de Nueva York, el sitio fue evacuado y declarado “zona de emergencia”. Todo esto tuvo un coste de casi 200 millones de dólares además de los daños en la salud de las personas.

Hoy en día la construcción poblados bajo terreno clausurado por residuos está totalmente prohibida. Además, para tenerlo vigilado y evitar posibles fugas de material confinado, se deben de instalar fosos de monitoreo.

SCHWEIZERHALLE

Un incendio en la planta de agroquímicos de Sandoz, en Schweirzerhalle, Suiza, el 1 de noviembre de 1986, fue extinguido con los sistemas de incendio de esa planta. Se estima que se quemaron alrededor de 1350 toneladas de plaguicidas y agroquímicos. El agua utilizada para la extinción del incendio, mezclada con unas 30 toneladas de pesticidas, se derramó en el río Rin.

Se estima que el vertido causó la muerte de unos 500.000 peces, y se convirtió en el peor desastre ambiental de Europa durante una década. La remediación del río tomó casi 10 años.

Fig. 76 Rio Rin, posterior al vertido de agua con pesticidas - Suiza

La población local exigió que se tomaran cartas en el asunto. Al final, sin embargo, solamente dos bomberos fueron acusados por la contaminación del Rin como resultado de sus acciones de lucha contra el incendio. La dirección de Sandoz no fue responsabilizada. Pero la compañía, que más tarde se fusionó con Ciba-Geigy para convertirse en Novartis, pagó 43 millones de francos (49 millones de dólares en ese momento) en compensación a Suiza y a los otros países ribereños del Rin, Francia, Alemania y Holanda. También asignó 10 millones de francos a un fondo del Rin para la investigación ecológica. En 2006, el Rin fue declarado nuevamente un “río vivo” por la Comisión Internacional para la Protección del Rin.

Derrame de crudo en el golfo de México

La plataforma petrolífera Deepwater Horizon, perteneciente a la compañía British Petroleum (BP), ubicada a 75 kilómetros de la costa de Luisiana, en el golfo de México, explotó el 22 de abril de 2010 lo que provocó el peor derrame de petróleo en alta mar en la historia de Estados Unidos.

Fig. 77 Maniobras de extinción de incendio en la plataforma Deep Horinzon, en EEUU
Fuente: www.

Se sabe que la explosión fue causada por gas metano que se escapó durante las operaciones de perforación. En la investigación se registró que los trabajadores de la plataforma habían discutido sobre los problemas de presión en el pozo minutos antes del estallido. El fuego, que fue alimentado por los hidrocarburos que salieron del pozo continuó por 36 horas hasta que el equipo se hundió. Los hidrocarburos continuaron saliendo por el BOP por 87 días, a una tasa entre 5 mil y 160 mil barriles por día, causando un derrame que se estimó en 4,9 millones de barriles (780 millones de litros); del cual sólo se pudieron recoger 800 mil barriles, lo que equivale a un 16% del volumen total. Con el derrame se formó una “mancha” de petróleo de aproximadamente 6500 km2 de extensión, que debido al arrastre por las corrientes marinas contaminó cerca de 1600 km de costa de Luisiana, Misisipi, Alabama y Florida, según datos de la Agencia de Protección Ambiental-EPA.

Una parte del hidrocarburo se evaporó, otra fracción se degradó naturalmente, sin embargo, un estudio de la Universidad de Georgia calcula en un 75% el crudo que está depositado en el fondo marino, con características de alquitrán, a una profundidad de 1500 metros bajo la superficie. A esas profundidades, la temperatura es de alrededor de 4 ºC, lo que hace que el petróleo se degrade más lentamente, razón por la cual los expertos calculan que los efectos del vertido se seguirán notando entre los próximos 20 a 100 años.

Los dispersantes son una mezcla de disolventes, aditivos y surfactante sutilizados para facilitar la disolución de petróleo en pequeñas gotas para que puedan romperse más fácilmente por procesos naturales. Estos dispersantes pueden ofrecer una protección significativa para la vida silvestre durante un derrame de petróleo en la superficie, pero se sabe poco sobre sus efectos después de la aplicación en aguas profundas. Los dos dispersantes utilizados en este caso fueron el Corexit 9500A y 9527, que han demostrado que pueden persistir durante más de 4 años después de la aplicación, en las profundidades del océano.

El área afectada es bastante sensible, desde el punto de vista ambiental, debido a la presencia de hábitats de más de 8 mil especies. En 2014, la National Wildlife Federation de Estados Unidos llevó a cabo un estudio que también demuestra la vigencia de los efectos negativos para la fauna del vertido de petróleo de la Deepwater Horizon, cuatro años después del desastre se han documentaron daños en 14 especies de aves, mamíferos (cachalotes, delfines), tortugas, peces, crustáceos, moluscos y foraminíferos que habitan en el arrecife de coral. En cada una de las especies se ha demostrado una marcada tasa de mortalidad y de defectos de nacimientos, relacionados con su exposición al petróleo.

Al menos 900 delfines han sido encontrados varados, o muertos, en el norte del golfo de México entre abril de 2010 y marzo de 2014. En 2013, la frecuencia de estos hallazgos se había triplicado con respecto a la de 2009. En el área afectada por el vertido, se encontraron también cerca de 500 tortugas marinas varadas cada año desde 2011 hasta 2013, un aumento en el número antes del derrame. La más afectada fue la tortuga lora, clasificada en peligro de extinción. El incremento de los niveles de cromo y níquel, metales que se encuentran en el petróleo vertido, fueron detectados en los cachalotes que viven todo el año en el golfo.

Desde una óptica social, el área afectada es una región que produce el 80% de las ostras, el 69% de los camarones, y el 26% del cangrejo azul consumido en Estados Unidos. La pesca se cerró, el turismo y la recreación se detuvieron temporalmente. Le tomó más de ocho meses para la pesquería de ostras lograr su reapertura, después que las pruebas consideraron los moluscos aptos para el consumo humano, y un año para que se reanudara la pesca de camarón.

Fig. 78 Hidrocarburo derramado de la plataforma Deep Horinzon, en EEUU
Fuente: www.nsf.gov

La decisión de reabrir las áreas impactadas para la recolección de mariscos, se basó en un protocolo de la NOAA/FDA,  basado en pruebas sensoriales y de química analítica (cromatografía líquida, detección de fluorescencia, cromatografía de gases -espectrometría de masas) con la finalidad de poder determinar si los niveles de hidrocarburos policíclicos aromáticos (PAHs) no excediera los niveles establecidos.

Durante las maniobras realizadas para detener el derrame, el 8 de mayo se intentó colocar un gigantesco domo de metal, pero no fue efectiva. El 26 de mayo se intenta contener el vertido con un tapón de barro de 25 toneladas. El 15 de julio un tapón frena temporalmente el vertido, pero no es hasta el 4 de agosto que la empresa BP informa oficialmente que logró detener el derrame, tras una operación de cimentación “bottom kill” mediante la perforación de pozos de derivación.

Tan sólo los pagos erogados por BP ascienden, de acuerdo con las cifras de la misma empresa, a USD 61 billones, por concepto de los costos relacionados con el derrame, limpieza, reclamaciones económicas y pagos al gobierno. Adicionalmente, BP tuvo que enfrentar diversos juicios por los cargos de “negligencia grave” que le imputaron por varios demandantes.

Incendios en los pozos petroleros de Kuwait

En 1991, en la Guerra del Golfo, el ejército iraquí al iniciar su retirada del territorio kuwaití, incendió más de 600 pozos petroleros al retirarse de Kuwait. Las llamas consumieron cerca de 6 millones de barriles de crudo diarios, por un lapso de más de 7 meses y el aire se contaminó con gases de combustión y material particulado.

El petróleo que no se incendió formó alrededor de unos 300 lagos de crudo que contaminaron unos 40 millones de toneladas de arena y tierra. La mezcla de arena del desierto con el petróleo sin quemar y el hollín formó capas de “cemento alquitranado” que cubrió cerca de un 5% del país.

Las consecuencias para los pobladores y el ganado fueron desastrosas: la calidad del aire bajó de manera alarmante y se agravaron los problemas respiratorios, muchos fallecieron y otros tuvieron que abandonar sus precarios hogares. Cientos de animales murieron a causa de la niebla aceitosa. Se estima que se tuvo invertir más de mil millones de dólares para extinguir los incendios.

Fig. 79 Pozos petroleros incendiados, en Kuwait
Fuente:

Marea negra del Exxon Valdez

El 24 de marzo de 1989 el buque petrolero Exxon Valdez, en medio de una tormenta se separa del canal de navegación para evitar diversos bloques de hielo que se encontraban a la deriva. Esta maniobra resultó en el impacto del buque contra el arrecife Bligh y haciendo que encallara en las aguas de Alaska Prince William Sound, lo que ocasionó ruptura en el casco de la embarcación, vertiendo 257.000 barriles (40 millones de litros) de petróleo en una zona de alto valor ecológico provocando una “marea negra” y afectación en más de 2.000 km de costa.

Una de las responsabilidades de la compañía de transporte era atender cualquier derrame que se produjera; para ello se debía contar con equipamiento para hacer una recolección eficiente. Según el Plan de atención en caso de derrames sometido a las autoridades federales y locales, se debía tener disponibles 2 embarcaciones, y suficientes barreras flotantes para hacer una recolección eficiente de más del 50% del petróleo derramado, en menos de 5 horas después del accidente. Al momento del derrame, uno de los barcos se encontraba inservible, y su reemplazo aún no había llegado. El otro se había terminado de reparar y las barreras flotantes no estaban cargadas, y se encontraban en la bodega. Para cargarlas no se disponía del personal y del equipo suficiente para hacerlo con celeridad, de tal manera que se llegó al lugar del accidente 14 horas después, y no fue sino hasta después de 60 horas que se terminaron las maniobras de acordonamiento. Lo que implicó que gran parte del petróleo derramado se hubiese esparcido en una zona de aproximadamente 40 km2.

Fig. 80 Vista del derrame del Exxon Valdez
Fuente: www.nsf.gov

Ante el riesgo de la volcadura del Exxon Valdez, que se encontraba perforado en un costado se envió el buque Baton para el trasiego del petróleo que quedaba en los compartimientos del barco.

Muchos factores complicaron los esfuerzos en la limpieza del derramamiento, entre ellos el tamaño del vertido, las condiciones meteorológicas y su localización remota, accesible solamente en helicóptero y barco. Se probaron 4 métodos en el esfuerzo de limpiar el derrame:

  • Dispersión química: Éste fue el primer intento de limpieza, el cual aplicó el dispersante con el uso de helicóptero, sin embargo, las condiciones del mar no facilitaron su efectividad. Entre otros dispersantes se utilizó Corexit 9580 producido por Nalco Holding Company.
  • Limpieza mecánica: fue iniciada luego de terminado el uso de dispersantes químicos, y para ello se utilizaron bombas extractoras y skimmers. Se presentaron inconvenientes ya que el crudo y las algas terminaron obstruyendo los equipos de atención, con lo que los procedimientos de reparación resultaron en retrasos importantes en las labores de control.
  • Quema del petróleo: Se aisló parte del crudo derramado con material resistente al fuego, el cual fue posteriormente quemado con lo cual se logró reducir 400 litros de petróleo, sin embargo, las condiciones meteorológicas limitaron su uso.
  • Degradación microbiana: el último recurso para realizar la limpieza de las costas afectadas fue la biorremediación.
Fig. 81 Labores de limpieza de costa, en Alaska-EEUU.
Fuente: www.nsf.gov

Se requirieron más de 4 años de labores de limpieza antes de dar por concluidas las acciones, en la cual se emplearon una cantidad importante de recursos: más de 1000 personas, 1000 barcos y unos 100 aviones y helicópteros.

Se vieron afectados los pescadores de la zona y una enorme cantidad de especies murieron a causa de la contaminación: aves acuáticas, pájaros, nutrias, leones de mar, marsopas, ballenas, entre otros. Se estimó la muerte de más de 35 mil aves, 300 especies marinas, 1000 nutrias marinas y 20 águilas calvas, así como aumento en la mortalidad de los huevos y crías del salmón.

En 2006, un estudio de NOAA confirmó que los ecosistemas costeros y marinos en la zona del derrame aún no se habían recuperado plenamente: menos de la mitad de todos los recursos estudiados se había recuperado totalmente. En la actualidad las consecuencias en el entorno aún siguen siendo monitoreadas.

Las labores de limpieza costaron más 2.500 millones de dólares, incluyendo la recogida del petróleo vertido y la rehabilitación de la vida silvestre (la recuperación del águila de cabeza blanca, por ejemplo, ascendió a unos 100 mil dólares por ejemplar). Más de 180 mil demandantes introdujeron ante los tribunales unos 300 pleitos, que generaron una suma récord de 1.300 millones de dólares en concepto de honorarios y gastos legales. En el año 1995 culminó el juicio civil, y se estableció que Exxon Corporation debía pagar 5 mil millones adicionales por daños punitivos.

Factores que contribuyeron a que se produjera el accidente:

  1. a) obstáculos de hielo y una tormenta;
  2. b) malas decisiones del capitán y
  3. c) deficientes protocolos de seguridad.

El derrame del Exxon Valdez aparece en el puesto 36 del listado de los mayores derrames registrados por la ITOPF-Tanker Owners Pollution Federation Ltd, que abarca incidentes entre 1967 y 2018, sin embargo, fue tal el impacto que ocasionó el accidente que significó el precedente para la emisión de la Ley sobre contaminación con hidrocarburos (Oil Pollution Act –OPA 90), así como la reforma del Convenio Internacional para prevenir la Contaminación por los Buques (MARPOL), que a partir del año 1990 estableció la obligación de construir los buque-tanques con doble casco. Así mismo los tanqueros petroleros deben tener un seguro de responsabilidad ambiental, para contar con recursos económicos suficientes para la reparación de los daños.

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A continuación, se muestra un listado, según la ITOPF de los derrames de petróleo de mayor envergadura proveniente de accidentes en buques petroleros:

8.3 Otros problemas ambientales de envergadura

Islas de basura plástica en los mares y océanos

No se puede considerar exactamente una isla, y a pesar de que no es captada a través de las fotos de los satélites, se han bautizado así y no son más que aglomeraciones de residuos no biodegradables que por el influjo de los giros oceánicos (el sistema de corrientes marinas rotativas) se van acumulando en extensas “balsas” flotantes que están en constante moviendo, con concentraciones de plástico entre 0 y 2500 gr por km2. La más grande hallada hasta el momento es la isla de basura en el Pacífico, pero hay otras cuatro repartidas en los demás océanos, a excepción del Ártico y el Antártico.

La “isla” de basura del Pacífico, Great Pacific Garbage Patch (GPGP) o Gran Parche de Basura del Océano Pacífico fue avistada por primera vez en el año 1997 por el marino Charles Moore, conformada por una mezcla con desechos diseminados, en especial trozos pequeños de plástico, pero también otros restos de todo tipo. Está ubicada entre Hawái y las costas de California EEUU, según se observa en la Figura 82.

Fig. 82 Ubicación de la Isla de Basura del Pacífico.
Fuente: Diario Clarin

La Fundación The Ocean Cleanup empezó en el año 2015 una expedición en el Gran Parche de Basura del Océano Pacífico, para hacer un estudio más pormenorizado de lo que estaba ocurriendo en esa zona. Tras 3 años de investigación por mar y por aire, determinaron que la masa ocupa una superficie cercana a los 1,6 millones de km2, equivalente a 3 veces el tamaño de Francia o un poco menos que el de México. En ella se estima que hay más de 1,8 billones de plásticos que pesan aproximadamente 80 mil toneladas. Aunque el 99,9% de los materiales que la componen son plásticos, también se han encontrado maderas y vidrio. De todo el plástico presente, se estima que una fracción importante son redes de pesca, pero también hay diferentes envases, bolsas, juguetes y otros objetos de gran tamaño. En la Fig. 83 se observa la distribución del tamaño de acuerdo con lo encontrado.

Se estima que el 80% de los residuos que encontramos en los océanos proviene de tierra, mientras que el 20% restante de la actividad marítima. Una vez que los residuos plásticos están en el océano, tardan mucho más en biodegradarse que en la tierra, ya que allí, tan solo es la luz solar la que los desgasta.

Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico fabricadas en forma de gránulos o procedentes de la degradación de objetos de plástico como bolsas, ropa y artículos domésticos, así como materiales de construcción y aparejos de pesca y acuicultura abandonados o perdidos; y representan un perjuicio directo para la fauna marina, ya que son fácilmente ingeridos por peces y pájaros -y nosotros, ya que pasan a través de la red trófica- causando problemas de salud en sus organismos que se suman a los daños ya conocidos causados por residuos de mayor tamaño tales como la ingestión de piezas grandes, enredo y ahogamiento o estrangulamiento, como se puede observar gráficamente a continuación.

Fig. 83 Distribución por peso de Basura hallada en la Isla de Basura del Pacífico.
Fuente: Fundación The Ocean Cleanup
Fig. 84 Distribución de peso de la Isla de Basura del Pacífico.
Fuente: Fundación The Ocean Cleanup

Hay en marcha una decena de proyectos para limpiar la basura, controlar los desechos de buques y embarcaciones. Sin embargo, el método más efectivo es evitar que estos residuos entren en el mar, y gestionarlos de una forma efectiva como puede ser a través de la reutilización y reciclaje. En febrero de 2017, la ONU Medio Ambiente lanzó la campaña Mares Limpios para acelerar la acción de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado contra la basura marina, en especial, contra los plásticos de un solo uso.

Para abril de 2019, 60 gobiernos representaban más de 60% de la costa del mundo, incluidos 9 en el Caribe, se habían inscrito en Mares Limpios. Muchos se han comprometido a proteger los océanos a través del impulso del reciclaje y la reducción del consumo de plásticos de un solo uso, mientras que algunos han creado reservas marinas y han adoptado planes de gestión de residuos.

Desaparición del mar de Aral

El mar de Aral, antiguamente el cuarto lago más grande del mundo ha visto desaparecer en los últimos años casi la totalidad de sus recursos. A mediados del siglo pasado el Aral ocupaba una superficie de 70 mil km2 y contenía 1.100 kilómetros cúbicos de agua dulce. En los últimos años este ecosistema único, alimentado por los ríos Amú Daría y Sir Daría, se ha visto reducido en dos tercios, dejando agua solamente en una de las tres grandes partes en las que se fragmento hace una década.

Las fotografías tomadas por el satélite Terra de la NASA en agosto del año 2018 demuestran la catástrofe natural. El mar de Aral se dividió en dos partes en los años 80 del siglo pasado, convirtiéndose en dos mares; el mar de Aral Pequeño y el mar de Aral Grande. Éste se dividió a su vez en dos, diez años después, y en el afán por intentar salvar el Aral Pequeño, se construyó un dique que está costando la desaparición de uno de los dos fragmentos que formaban el Aral Grande. En los años 60 el mar perdía 20 cm al año y en los 80, un metro. Se estima que habrán desaparecido por completo en un lapso de 10 años.

Fig. 85 Imágenes satelitales de la disminución del mar de Aral
Fuente: NASA

El agua que queda tiene una salinidad mucho mayor debido a la evaporación, todos los fragmentos del mar de Aral tienen concentraciones que oscilan entre los 120 y los 250 gr de sal por litro. 14 millones de personas vivían de la pesca y los cultivos que producían las 550 mil hectáreas de tierra fértil que rodeaban el mar.

Todo esto tuvo origen, tras la Segunda Guerra Mundial ya que se decidió convertir las estepas en un campo de cereal y algodón, a base de canales mal construidos que desaprovechaban la mayor parte del agua. Si bien el plan tuvo éxito, el daño ambiental no tiene remedio: desaparición de espacios, aridez extrema y la reducción del mar que hoy es un cementerio de barcos. También se vieron afectados sus habitantes por que la contaminación del agua potable potenció y agravó enfermedades como la artritis, la bronquitis y las dolencias renales.

Vertederos electrónicos en Asia y África

Los últimos años han estado marcados por un fenómeno indiscutible, es el creciente ritmo al que evoluciona la tecnología. Esta velocidad imparable a la que los dispositivos que utilizamos mejora hacen que al poco tiempo se reemplacen, generando así una cantidad cada vez mayor de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Estos, son complejos, y en su interior albergan una serie de materiales peligrosos, como metales pesados: mercurio, plomo, cadmio, plomo, cromo, arsénico o antimonio, los cuales son susceptibles de causar diversos daños para la salud y para el ambiente.

El Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas calcula que se generan cerca de 50 millones de toneladas de desechos electrónicos al año.

La localidad de Guiyu, es una ciudad de aproximadamente 150 mil habitantes y está ubicada en la provincia de Cantón, en el sudeste de China. En ella se encuentra el mayor vertedero RAEE del mundo. Allí se recibe el entre el 70 y 80% de la basura electrónica del mundo, unos 1,5 millones de libras provenientes de computadoras en desuso, celulares y otros equipos electrónicos cada año; a los fines de desarmar los componentes, separarlos y recuperar según su valor, especialmente los metales valiosos contenidos para su reuso.

Fig. 86 Taller informal de reciclaje RAEE en Guiyu - China
Fuente: Ecoticias.com

Más recientemente, se ha generado otro vertedero electrónico similar en Agbogbloshie un sector popular ubicado en la ciudad de Accra, capital de Ghana (África).

Se calcula que 100 mil teléfonos móviles pueden contener unos 2,4 kg de oro (equivalentes a 122 mil US$); más de 900 kg de cobre (94 mil US$); y 25 kg de plata (26 mil US$). Los desechos electrónicos pueden contener además platino, y paladio, hierro, aluminio y plásticos, que pueden reciclarse.

En los talleres, los operarios, generalmente mujeres, desarman y clasifican los materiales reciclables a mano y sin ningún mecanismo de protección personal. Los métodos utilizados son muy rudimentarios, pues se prende fuego al residuo, lo que implica la inhalación los vapores venenosos. O se sumergen las piezas en ácido para recuperar metales valiosos como el cobre y el acero. El ácido desechado después es vertido en los riachuelos o áreas adyacentes sin ningún tipo de control.

La economía del pueblo se basa en estos talleres y los salarios son 5 veces más altos que los que tenían los trabajadores cuando se dedicaban a la agricultura. Sin embargo, el precio que pagan por su salud es muy alto. Por la exposición constante al plomo, mercurio y cadmio sufren problemas neurológicos, enfermedades de la piel y sus hijos nacen con malformaciones congénitas. Así, el 70% de los bebés nace con 50% más de plomo en sangre que lo normal y los ríos tienen 2.400 veces el nivel normal de este metal. Los niveles de plomo y cobre son 300 veces más elevados que en otras ciudades que se encuentran a una decena de kilómetros.

Esta contaminación es mucho más peligrosa en menores de 6 años, debido a que afecta a su sistema neurológico, además de su normal desarrollo físico y hasta podría llegar a ser fatal. El plomo provoca daños irreversibles en el desarrollo cerebral. Los síntomas del envenenamiento en los niños son: pérdida de peso, pérdida de apetito, fatiga, dolores estomacales y dificultades en el aprendizaje. En los adultos se presentan: hipertensión, disminución en la función cerebral, dolor y adormecimiento de las extremidades, pérdida de fuerza, dolores de cabeza, pérdida de memoria, desorden en el humor, problemas con la fertilidad, provocando incluso abortos espontáneos. ​También puede provocar daños renales y en el sistema nervioso en todas las personas expuestas a este ambiente.

A finales de 2015, el gobierno de Guiyu construyó una planta de reciclaje enorme para tratar los millones de toneladas de basura que recibe. A pesar de que muchos empleados ya trabajan en ese predio, todavía subsisten más de muchos talleres informales.

La Convención de Basilea de Naciones Unidas regula el comercio de los productos de desecho peligrosos. Según este acuerdo internacional, residuos y artículos peligrosos -incluidos los electrónicos- no pueden ser exportados a países en vías de desarrollo. La razón es que estos países, en general, no cuentan con las infraestructuras necesarias para llevar a cabo el tratamiento de los desechos de una manera adecuada.