Lección 6 de 12
En Progreso

Evolución histórica de la degradación ambiental

Si damos una mirada rápida a lo que ha sido la historia de la Tierra, podríamos encontrarnos con una secuencia en la que inicialmente, en su etapa de formación, la Tierra carecía de vida y las leyes ecológicas aún no irrumpían. Con el surgimiento de los seres vivos, hace unos 3.600 millones de años, se originaron los ecosistemas. La vida se restringió al ambiente acuático; se multiplicó y distribuyó por los océanos y la biosfera se convirtió en un inmenso ecosistema acuático. Hace 400 millones de años la vida saltó del agua a la tierra, probablemente en las regiones tropicales, más apropiadas para el desarrollo de las especies vivientes que las zonas frías y templadas.

Ahora bien, el proceso de degradación y presión sobre los sistemas naturales no ha sido una constante a lo largo de la historia. El aumento continuo y desordenado de la población, así como el desarrollo industrial y tecnológico experimentado por el hombre, ha favorecido el progresivo desequilibrio de los sistemas naturales, provocando en algunos casos una profunda modificación de sus características.

En la era paleolítica que se extiende entre 150.000 y 10.000 años los grupos humanos vivían diseminados por el territorio y su principal actividad consistía en la caza y en la recolección de frutos, raíces y vegetales. El impacto de esta actividad depredadora era mínimo y los restos residuales que generaban eran de fácil y directa integración en los ciclos biológicos y químicos del sistema natural.

En la era de los neolíticos (10.000 y 8.000 años) se producen los primeros cambios en la influencia del hombre sobre el ambiente. El inicio de la explotación vegetal como la agricultura y la explotación animal, la ganadería, asociado a un progresivo sedentarismo de los grupos humanos, genera los primeros impactos, aunque tanto el volumen de la actividad como los métodos de explotación y uso utilizados se adaptaban a la capacidad reguladora de la propia naturaleza.

La posterior evolución del hombre hasta la Edad Media estuvo marcada por la tendencia a la concentración demográfica, la especialización en los métodos de trabajo y la progresiva explotación de los recursos naturales. Sin embargo, hasta ese momento los impactos ambientales generados tenían un carácter reversible.

A mediados del siglo XVIII, con una población estimada en unos 800 millones de personas, es cuando se inician una serie de cambios sociales, económicos y tecnológicos que desembocaron en una profunda transformación de las relaciones del hombre con su entorno, se iniciaba la Revolución Industrial. Es a partir de entonces cuando se experimenta un auténtico aumento de la explotación de los recursos naturales, y por primera vez, se empiezan a utilizar masivamente recursos no renovables, tal es el caso del carbón.

Fig. 18 Línea de Tiempo Evolución de la Humanidad

El descubrimiento de la electricidad en el siglo XIX y la posterior introducción del petróleo en el sistema de producción, vino a facilitar el crecimiento del sector industrial y el del transporte, que en sus inicios generó un aumento considerable de las emisiones a la atmósfera, los vertidos y los residuos. Es en ese momento cuando en los grandes núcleos urbanos aparece el concepto de higiene, iniciándose la gestión higiénica sanitaria de las aguas y de los residuos generados.

El desarrollo económico del siglo XX se ha basado en la idea del progreso y del crecimiento ilimitado. Hasta pocos años todo parecía indicar que el desarrollo económico era imparable, y que el progreso llevaría a una sociedad en la que las cuestiones más problemáticas para la vida y la sociedad se solucionarían mediante mecanismos de crecimiento económico y progreso social. Desde entonces, la relación del hombre con su medio cambia completamente, ya que para desarrollar su actividad productiva se requirió el consumo de grandes cantidades de recursos energéticos, hídricos, minerales y materiales, lo que provoca los primeros episodios graves de degradación ambiental.

Los grandes problemas ambientales del siglo XXI, como el cambio climático, la pérdida de la capa de ozono, la deforestación masiva de los bosques tropicales, la pérdida de la diversidad biológica y la contaminación en general, son los grandes retos de las generaciones actuales y futuras, y a pesar de que el tema del ambiente se ha posicionado en la agenda internacional, esto no ha sido suficiente para frenar el deterioro, lo cual genera cuestionamientos importantes sobre la manera en la que se están usando los recursos; así como, las perspectivas de desarrollo futuro al ritmo de explotación actual. Toda sociedad en mayor o menor medida es vulnerable a las transformaciones de su entorno natural.